Viviendo una Noche
Gota a gota se escuchaba caer la lluvia sobre el pavimento, el viento soplaba suave y delicadamente, el parpadeo que producía las luces de los faroles descompuestos alumbraba a media luz el largo camino empedrado que llegaba hasta el parque.
El silencio era profundo y angustiante, la soledad de la noche acompañaba la dulce melodía producto del choque de las ramas de los arboles, la luna era suplantada poco a poco por nubes cargadas de lluvia y oscuridad.
El tiempo se congela. De entre la niebla sale Arturo, un gabán hasta los pies protege su cuerpo, zapatos negros hacen juego con el maletín de cuero que lleva en su mano. Gotas de la fría lluvia recorren su rostro enojado, la prisa se hacía presente en la rapidez de sus pasos atravesando el umbral del parque.
Arturo se detiene un momento, algo ha llamado su atención, es un frágil destello de luz blanca que sale de una de las banquetas que se encuentra al final del parque. La curiosidad puede más que la prisa por llegar a su destino, lentamente se acerca, se muestra algo precavido, de repente unos ojos tristes levantan su mirada. Arturo algo desconcertado observa a la mujer vestida de blanco sentada en la banqueta, se cubre de la lluvia con un paraguas de color rojo, y a su lado se encuentra un libro del que se cruzan solas una y otra vez las hojas, el viento esta soplando fuerte.
Arturo esta deslumbrado por el bello color azul de los ojos de la misteriosa mujer. El silencio se mira interrumpido, ¿qué hace aquí señorita?, pregunta Arturo, la mujer sonríe y le contesta: ¿no le parece interesante la noche de hoy?, Arturo algo abrumado contesta: es muy tarde ya, está lloviendo, y hace frio. Porque no se sienta un momento, se sorprendería de todo lo que puede mirar y escuchar en medio de esta larga noche, contesta La mujer. Arturo algo desconcertado, se olvida de la prisa y se toma un momento para acompañarla.
Como se llama, pregunta Arturo, mi nombre es Paz, responde la mujer. Nuevamente el silencio gobierna todo el lugar. Paz empieza a susurrar: Escucha la brisa que sopla fuerte y mueve nuestros cabellos, la lluvia que danza antes de caer y morir en el suelo, la hermosa melodía del juego de las ramas en los arboles.
Arturo cierra los ojos; se entrega a la tranquilidad que invade su cuerpo. La armonía se hace presente en todo el lugar. Despacio se empieza a reincorporar nuevamente al mundo del que por unos segundos ha logrado escapar. Abre sus ojos, que buscan a Paz, pero no la encuentran. Observa que la lluvia ha parado, y el viento sopla cada vez más fuerte. Se toma unos minutos, se levanta y retoma su recorrido, cruzando entre la luz que brinda la luna que brilla mágica y secreta en medio de la noche.


